Recuperar Schumpeter

La destrucción creativa de Schumpeter quizá sea una de las metáforas más ampliamente utilizada en la literatura económica contemporánea (su búsqueda en Google arroja un número de referencias astronómico). Pero me parece que se conoce en menor medida la figura de Joseph Schumpeter, su vida, sus investigaciones y su legado intelectual.

Joseph SchumpeterEl excelente y recomendable libro de Thomas K. McCraw sobre Joseph Schumpeter, editado por Ediciones de Belloch dentro de su colección Biblioteca de Gestión – ESADE Fondo, permite descubrir una tumultuosa y apasionante biografía (que abarcó dos guerras mundiales, la gran depresión y la temprana guerra fría) y profundizar en la revisión de una obra intelectual que es una contribución viva al debate sobre las cuestiones más actuales del mundo de la economía y la empresa.

Según McCraw la esencia del legado de Schumpeter es su descubrimiento que la innovación bajo la forma de una destrucción creativa constituye la fuerza motora de todo el progreso material en general. Casi todas las empresas, con independencia de la robustez que ofrezcan en un momento determinado, terminan por fracasar y casi siempre por culpa de no haber sabido innovar. Los competidores se afanan inexorablemente en adelantar al líder, cualquiera que se la amplitud de su ventaja. Los empresarios responsables saben que todos los días están “en una situación que sin lugar a dudas cambiará en breve”.

Solo a través de la innovación y del espíritu emprendedor una empresa cualquiera (excepto los monopolios fomentados por el gobierno) puede sobrevivir a largo plazo. Schumpeter es el principal defensor y el que másentrepreneurship  popularidad dio a la palabra “emprendedor” (entrepreneur) que apareció en la edición inglesa de 1934 de su libro Teoría del desarrollo económico. El término que acuñó de “destrucción creativa” (neologismo casi contradictorio) se ha difundido extraordinariamente convirtiéndose en proverbial. Además, todo tipo de empresas y consultoras, también utilizan ampliamente el término “estrategia empresarial” (o alguna otra variante como “estrategia corporativa”).

Pero curiosamente, en el mundo de la economía académica, ni el emprendedor de Schumpeter como individuo, ni el espíritu empresarial como fenómeno, han provocado gran interés (ensombrecido por el fulgor académico de su principal rival teórico John Maynard Keynes). Los schumpeterianos no tienen una localización única, ni están confinados en una sola disciplina. Algunos sociólogos, psicólogos, historiadores o profesores de escuelas de gestión empresarial se manifiestan tímidamente schumpeterianos ( y , junto a ellos, podríamos situar a todoSmith, Marx, Keynes, Schumpeters los emprendedores que son schumpeterianos, tanto si son conscientes de ello como si no).

En opinión de Thomas McCraw, Schumpeter personificaba la humanización de su disciplina quizás más que cualquier otro teórico económico de primera línea. Después de una pugna que duró toda su vida por la aplicación de las matemáticas a la economía, llegó a la conclusión que la economía exacta era algo tan inalcanzable como la historia exacta. A menudo la mejor alternativa para expresar lo que uno sabe sobre el mundo no es una ecuación sino una narración (una historia con personas reales que afrontan algún tipo de dilema), la experiencia humana de la vida económica.

Ante los debates actuales abiertos en este inicio del siglo XXI sobre el futuro del capitalismo, los retos de la gestión empresarial o el enfoque único en la enseñanza de la economía, recuperar la voz de Schumpeter (como hace el extraordinario libro de McCraw) es una aportación sumamente estimulante y necesaria.

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